Weekly brief

PERSPECTIVAS PARA LA GENERACIÓN DE ALFA PARA EL SEGUNDO TRIMESTRE

El entorno de la generación de alfa se está normalizando tras unos meses agitados. De octubre a diciembre de 2018, la desaceleración económica, provocada por el desplome del comercio mundial, se vio enormemente amplificada por una repentina contracción de la liquidez a escala internacional. La reacción exagerada en los precios de los activos destruyó el alfa hasta el cierre del año. A continuación, el apoyo de los bancos centrales de todo el mundo, las medidas de estímulo aprobadas en China y la atenuación de las incertidumbres políticas alentaron el optimismo y la liquidez. El repunte del mercado contribuyó a que la estrategia L/S Equity recuperara parte de las pérdidas, en especial gracias a sus exposiciones a valores cíclicos y de pequeña capitalización.

 

De cara al futuro, además de una modesta contribución de la beta, prevemos una menor volatilidad en el alfa en el segundo trimestre. La recuperación del mercado desde los niveles mínimos de final de año no es muy diferente de la de 2016. Sin embargo, en nuestra opinión, no será tan profunda, puesto que todos los factores determinantes (políticas monetarias, estímulos en China y reducción de la incertidumbre) sufrirán limitaciones y ya se han descontado parcialmente. Por consiguiente, esperamos una modesta contribución positiva de la beta, con un mayor potencial alcista en Europa y los mercados emergentes.

 

El entorno para la generación de alfa se ha normalizado, si bien con persistentes trabas. En vista del desplome de las correlaciones con la renta variable y una reducción de la proporción de rentabilidad de las acciones atribuible a las fluctuaciones en el mercado general, los inversores están volviendo a poner el énfasis en factores específicos de las empresas. La temporada de resultados, a la que acaba de darse el pistoletazo de salida, pronto confirmará si los precios reflejan fielmente los cambios en los fundamentales de las acciones, un patrón clave para los gestores de fondos. En este sentido, la coherencia entre las fluctuaciones del mercado de renta variable y la calidad de los datos económicos que van publicándose es propicia. Por último, los gestores todavía disponen de un amplio universo de nuevas oportunidades en la renta variable, que están empezando a mostrar momentum, pero todavía no han alcanzado la madurez.

 

Nuestros principales temores de cara al alfa están relacionados con tendencias en la incertidumbre política y oscilaciones en las políticas monetarias, dos factores que hicieron mella en los gestores activos el año pasado. Un acuerdo entre Estados Unidos y China disminuirá la incertidumbre, si bien otro retraso de 6 meses en el brexit y el comodín de los aranceles a las importaciones de automóviles se revelan negativos. Además, el giro acomodaticio de la Fed y los retrasos en la normalización monetaria de los mercados desarrollados podrían alimentar unas distorsiones del mercado perjudiciales para el alfa. La dispersión de los precios se está reduciendo rápidamente en los segmentos más populares, lo que frena el potencial de arbitraje de los encargados de la selección de valores. No obstante, cabe señalar que la dispersión sigue siendo lo suficientemente amplia en la pequeña capitalización y en varios sectores, entre los que se incluyen el consumo, la atención sanitaria y las finanzas. En un entorno de valoración razonable de la renta variable, estos factores podrían explicar por qué una mayoría de los gestores no tienen prisa en volver a los mercados con nuevas posiciones y exposiciones más elevadas.

 

El entorno para la generación de alfa ha mejorado, pero solo prevemos una discreta contribución en el segundo trimestre, con ligeras diferencias regionales (véanse los puntos importantes a continuación), que favorecerá a segmentos menos eficientes de pequeña capitalización o de determinados sectores.