Weekly brief

SIN TENSIONES EN LOS SEGMENTOS DISTRESSED: LUZ VERDE PARA LAS ESTRATEGIAS DE CRÉDITO

El tono acomodaticio de la declaración de Powell ante el Congreso alentó la confianza de los inversores, y todo apunta a una rebaja de tipos como muy tarde el 31 de julio. Además de la Fed, la mayor parte de los demás bancos centrales principales también están adoptando medidas acomodaticias para atajar tanto las expectativas más bajas respecto a la economía y la inflación como la incertidumbre política. Están impulsando la liquidez global del mercado y la macroeconomía, tal como pone de manifiesto el giro de los indicadores M2 y de varios indicadores de tensiones financieras. Nuestra cesta de activos más sensibles a la liquidez (incluidos los préstamos apalancados, los mercados frontera, el alto rendimiento emergente, los productos estructurados especializados, etc.) sigue repuntando y acumulando flujos de carry.

 

Varios datos del crédito exhiben deterioro. Las valoraciones del crédito son elevadas, pero los beneficios y márgenes de las empresas se están estancando. Entretanto, los saldos de efectivo corporativos se reducen, al contrario de lo que sucede con el apalancamiento empresarial, que se sitúa cerca de sus cotas máximas como porcentaje del PIB en Estados Unidos. Sin embargo, por ahora los mercados de crédito arrojan pocos datos en rojo. Nos tranquilizan las tendencias observadas en el segmento distressed estadounidense, empleado como indicador anticipado para los mercados convencionales.

 

La oferta de deuda distressed de EE. UU. se incrementó brevemente en los últimos compases de 2018 y, en menor medida, otra vez en mayo. Ahora bien, el valor en circulación (90.000 millones de dólares) sigue siendo muy inferior al del pico anterior, de principios de 2016, que rozó los 400.000 millones de dólares. El diferencial entre los precios de oferta y demanda reflejaba estas tendencias, lo que no apunta a tensiones latentes. Además, la mayor parte de las emisiones en situación distressed se concentran en los sectores de energía, atención sanitaria y comunicaciones. Cabe destacar que la incertidumbre que rodea a los valores comerciales y tecnológicos todavía no se está traduciendo en impagos corporativos.

 

Puesto que tan solo un 12% de la deuda distressed vence en los próximos dos años, es probable que la presión relativa a la liquidez se mantenga en cotas benignas. Al mismo tiempo, sigue bajo control la cantidad de emisores que intentan obtener prórrogas de vencimiento o renuncias a sus pactos. Los préstamos concedidos por los bancos a las empresas y los pactos también siguen resultando propicios.

 

Por último, las tasas de impago en los segmentos de alto rendimiento o préstamos siguieron rondando el 1,5% en lo que va de año, y no se prevé que superen el 2% el próximo año. En nuestra opinión, es posible que el próximo ciclo distressed no empiece antes de 2021.

 

Esto respalda nuestro optimismo respecto del crédito y los segmentos del mercado muy infravalorados (deep value). Mantenemos una sobreponderación en alto rendimiento estadounidense y europeo y en deuda emergente denominada en monedas fuertes. También estamos sobreponderados en estrategias de hedge funds centradas en el crédito y la macroeconomía de los mercados emergentes, dos segmentos que deberían beneficiarse de una buena dispersión y unas correlaciones razonables.