Weekly brief

UNA TEMPORADA DE RESULTADOS DEL PRIMER TRIMESTRE SIN PARANGÓN

A fecha de hoy, dos tercios de las empresas que componen el índice S&P 500 han presentado sus resultados. Se prevé que los resultados se situarán en el -14% en el primer trimestre en términos interanuales, y que los mayores retrocesos se observen en los sectores de consumo discrecional, finanzas, industria, materiales básicos y energía. Los ingresos crecerían tan solo un 0,5% interanual a causa de la debilidad en esos mismos sectores. Los márgenes se contraerían del orden del 2% interanual, en especial en el sector financiero. Las sorpresas en cuanto a resultados e ingresos se mantienen por debajo de sus medias a largo plazo, pero no de forma masiva. De hecho, el 65% de las empresas que han publicado sus resultados superan sus previsiones de beneficios por acción (BPA) un 2% de media (frente a la media a largo plazo del 70% que los mejoran en un 5%). Las acusadas revisiones a la baja de las previsiones de BPA del -12% para el primer trimestre (y del -27% para el conjunto de 2020), que se aceleraron enormemente desde marzo, redujeron las posibilidades de sorpresa. Se anticipa otro retroceso importante de los beneficios en el segundo trimestre (-42% interanual) seguido de una recuperación en el segundo semestre, lo que podría traducirse en un desplome de los beneficios para el conjunto del año 2020 del 23%, en comparación con 2019.

 

En vista del nivel de incertidumbre, los volúmenes de contratación antes de las publicaciones de informes fueron acotados y la volatilidad de las cotizaciones de las acciones permaneció en cotas elevadas, lo que refleja los nervios de los inversores que se mantienen a la expectativa. Al publicarse los resultados, la extrema volatilidad y los altos volúmenes de contratación pusieron de manifiesto lo complicado que les resultó a los inversores identificar precios razonables. En este sentido, el reducido número de empresas que ofrecieron orientación no contribuyó.

 

Sin embargo, los inversores dieron a las empresas el beneficio de la duda, y la rentabilidad de las acciones después de los informes superó al S&P 500 durante los mismos periodos de tiempo. Además, al coincidir la temporada de resultados con un sólido repunte del mercado, los inversores privilegiaron los valores que habían superado sus previsiones, aunque no penalizaron demasiado a los que no las habían alcanzado. Dejando de lado los datos, los inversores se mostraron especialmente sensibles al ratio de liquidez y la sostenibilidad del negocio. En conjunto, los resultados de la renta variable superaron a los fundamentales corporativos por el lado positivo, pero de una forma con sentido. Si bien las cotizaciones se comportaron de forma muy disconexa respecto de los fundamentales empresariales en los primeros compases de la temporada de resultados, fueron convergiendo a medida que la recuperación empezaba a perder fuelle.

 

Las rentabilidades de las acciones tras la publicación de los informes se vieron impulsadas por las tendencias sectoriales y del mercado general (que evolucionaron a la par de las tendencias sobre la propagación del virus, las sorpresas económicas o las medidas de estímulo adoptadas por las autoridades), y no por elementos idiosincrásicos. Además, escasearon los catalizadores específicos de las empresas, como fusiones y adquisiciones, ampliaciones de capital y otras operaciones corporativas. Con una correlación de precios extrema y un creciente liderazgo del sector de las tecnologías de la información, apenas hubo margen para el alfa obtenido exclusivamente con la selección de valores.

En nuestra opinión, la energía, los materiales y la industria probablemente brindaron las mejores oportunidades de generación de alfa.

 

Si se tiene en cuenta la magnitud de la perturbación provocada por el virus en los beneficios corporativos, la temporada de publicación de resultados ni fue tan desastrosa como se temía ni dio lugar a unos precios totalmente irracionales. Aunque la temporada de resultados del primer trimestre ofreció reducidas oportunidades en acciones individuales, no fue tan anómala como para provocar pérdidas de alfa sustanciales. El acierto en el timing (el momento de comprar y vender) (es decir, la exposición dinámica a la beta) y el arbitraje sectorial fueron los principales factores diferenciadores entre los gestores de estrategias L/S Equity, sobre todo en marzo. Desde entonces, sus rentabilidades subieron con fuerza en abril, del orden del 7% en términos agregados, en su mayor parte gracias a sus crecientes exposiciones a la beta. La reducción en la correlación y la dispersión en las rentabilidades de los gestores de estrategias L/S Equity durante el mes de abril concuerda con la normalización de las condiciones de contratación, lo que invita al optimismo en cuanto a la generación de alfa.