Weekly brief

EL POSICIONAMIENTO DE LOS HEDGE FUNDS EN LA ANTESALA DEL BREXIT

Los mercados británicos se están viendo influidos por una compleja serie de catalizadores macroeconómicos interconectados, como el desenlace de las negociaciones relativas al brexit, la dinámica de la economía del Reino Unido, la forma en la que las autoridades responden al COVID-19 y las perturbaciones derivadas de la incertidumbre en torno al brexit. La dinámica de la demanda externa, aunada a las tendencias registradas en la libra esterlina, también incide de manera dispar en los valores británicos: la mitad de los valores presentes en el FTSE 350 dependen, principalmente, de los ingresos nacionales; sin embargo, la mitad de los valores del FTSE 100 dependen de los ingresos procedentes de Estados Unidos y Asia, y un 25% de dichos ingresos proviene de la Unión Europea (UE) y los mercados emergentes. Así pues, los gestores británicos tienen que sopesar múltiples escenarios, a lo que se suma su análisis ascendente (bottom-up) de las empresas.

 

Tras registrar un desplome del PIB en el segundo trimestre, el Reino Unido reveló una firme recuperación. La contención del virus tras el confinamiento trajo consigo la reanudación de la actividad de la mayor parte de los negocios y un extraordinario repunte en las ventas minoristas. Esto allana el camino para que seamos testigos de un incremento del PIB en el tercer trimestre en términos intertrimestrales. Ahora bien, de acuerdo con lo que sugieren los indicadores en tiempo real, los avances han empezado a estancarse, al desvanecerse de forma paulatina la revalorización desde cotas mínimas. Asimismo, habida cuenta de que ya está comenzando a golpear una segunda ola del virus en todo el Viejo Continente y, posiblemente, en Estados Unidos, parece inevitable que se endurezcan las restricciones sanitarias, y los riesgos económicos relativos al cuarto trimestre están tornándose, sin lugar a dudas, bajistas.

 

En paralelo, las audaces tácticas del Reino Unido para retocar el acuerdo de salida en asuntos como el estatus de Irlanda del Norte (lo que significaría que este territorio seguiría cumpliendo la normativa y los reglamentos de la UE) habían desembocado en el riesgo de una ruptura en las conversaciones con la docta institución en septiembre, lo que podría provocar la no consecución de un acuerdo este año e implicaría que ambas partes vulnerarían las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Desde entonces, se han reanudado las conversaciones pese a la mutua falta de confianza. Aunque siguen existiendo importantes óbices en lo que respecta a cuestiones como la igualdad de condiciones, la aplicación de la ley y los derechos de pesca, ambas partes se están esforzando por llegar a un acuerdo.

 

Ninguna quiere una sacudida económica que añadir a la del COVID-19. Las relaciones entre el Reino Unido y China se han enrarecido por la situación en Hong Kong, y su posición negociadora con sus principales socios comerciales se revela débil. El partido de Johnson también se está viendo sometido a presión para que gestione con garantías las posibles disrupciones. Aunque parece muy improbable que se llegue a un acuerdo integral, el pragmatismo podría prevalecer con la consecución de un acuerdo parcial entre el Reino Unido y la UE, a buen seguro en el mes de noviembre, un acuerdo que sería similar al acuerdo comercial entre la UE y Canadá, el cual abarca, en su mayor parte, los bienes. Las negociaciones podrían prolongarse hasta 2021 y compases posteriores en otros aspectos, entre los que cabe incluir los servicios financieros. En este segundo escenario, podrían darse nuevos episodios de tensión respecto de estas cuestiones en 2021, si bien se podrían gestionar las turbulencias iniciales.

Si ambas partes no logran hallar un marco común, la falta de un acuerdo no tendría por qué constituir un cuadro definitivo. Por consiguiente, la probabilidad de que el Reino Unido y la UE retomen las negociaciones sería elevada.

 

Las posibilidades de que ambas instituciones formalicen finalmente un acuerdo comercial —aunque sea parcial— explica, probablemente, la razón por la que los gestores británicos han incrementado de forma sustancial sus exposiciones en los últimos meses. El análisis pormenorizado de sus sensibilidades de mercado sugiere que incrementaron sus exposiciones al subsector y a los valores que presentan un mayor riesgo en caso de que se produzca un brexit desordenado. Con todo, su confianza respecto del brexit no significa que los gestores muestren un mayor entusiasmo acerca de la economía británica. De hecho, aumentaron las asignaciones a los valores que exhiben una reducida sensibilidad a la actividad económica del Reino Unido. Aunque unos cuantos gestores han apostado fuerte por un desenlace favorable del brexit, la mayoría tiende por un sesgo más equilibrado.

En líneas generales, el optimismo en torno al brexit y la cautela respecto de la economía británica resultaron rentables, lo que les permitió generar un alfa constante en los últimos meses. La baja correlación de los valores y la aún elevada dispersión en los precios de los valores resultaron propicias para el alfa.